Numancia 1-1 R. Zaragoza
Dos goles tempraneros,
de Zapater y Guillermo, acabaron dando forma a un largo partido entre Numancia
y Real Zaragoza en la ida de las
semifinales de la promoción de ascenso a Primera División. Fueron la sustancia
en el marcador, pero lo más decisivo para que éste no se moviese más fue un claro penalti cometido por el defensor numantino Carlos
Gutiérrez sobre Papunashvili antes del descanso que el árbitro,
el vasco Gorostegui Fernández, no consideró oportuno señalar pese a su nitidez
e, incluso, interpretó erróneamente que el georgiano fingió en esa jugada
crucial para el desarrollo del choque.
El partido comenzó
efervescente a más no poder. Como una botella de cava agitada a la que le salta
el corcho de improviso. En el minuto 4, Zapater hizo el 0-1, un golazo de falta
directa por la escuadra, marca de la casa, que ponía al Real
Zaragoza por delante en un abrir y cerrar de ojos. Pero apenas un minuto
después, sin haber asimilado nadie esta relevante circunstancia del gol
aragonés, Guillermo lograba el 1-1 en un afortunado
rechazo del palo a disparo de Medina, que le ganó la espalda a Lasurey Verdasca en un balón que nunca debió haber llegado
tan profundo nada más sacarse de centro. Fue el inicio eléctrico que define la
habitual locura y descontrol de los partidos de promoción de ascenso.
Pero, a partir de ahí,
tras ese fulgurante ir y venir de ambos equipos, pareció como si se firmase una
tregua tácita. El cuadro zaragocista apostó por el fútbol
control. Por tener la pelota más que buscar las diagonales o
los pases hacia el área. Y el Numancia se sentía cómodo pertrechado atrás y
saliendo como gacelas cuando lograban robar la pelota a los blanquillos tras
decenas de controles en zona de nadie. Así se alcanzó el minuto 20, sin que las
áreas fuesen pisadas con criterio. Se percibía tensión en muchos
jugadores, de ambos bandos. Nervios propios de la cita. El
gusanillo en el estómago que atenaza los movimientos normales de cada día
ordinario.
En el 21, ese calma
tensa la rompió el Numancia, con un pase de Pere Milla al área pequeña que el
ratonero Medina no llegó a rematar a bocajarro por centímetros. Replicó
enseguida el Zaragoza, para dar muestras de que también tenía cuchillos
afilados en vanguardia. Fue Papunashvili el que
acabó una contra lanzada por Eguaras sobre Borja Iglesias, pero el remate de
rosca del georgiano se marchó alto por poco en el minuto 26.
Los dos equipos
intentaban manejar los tiempos, llevar el timón a su albedrío, pero sin llegar
a rematar ninguna de sus iniciativas. El Zaragoza abusaba del pase largo sobre
un activo Borja Iglesias, que volvió loco a Carlos Gutiérrez,
amonestado desde pronto. Pombo filtraba de espaldas buenas pelotas, pero
faltaba afinación en el momento culminante. Eguaras estaba guadianesco; y
Zapater y Ros subían balones más con corazón que con eficacia. El Numancia probó
de nuevo a Cristian Álvarez de forma esporádica, en el 35, con una falta muy
lejana que lanzó Íñigo Pérez (al menos 30 metros de distancia) que atrapó bien
el argentino con el peligro que tuvo siempre el suelo mojado por la fuerte
lluvia caída desde una hora y media antes del partido.
Y en el 40 llegó la
jugada clave, quizá de todo este cruce entre el Numancia y el Real Zaragoza. Vayan ustedes a
saber. Un penalti como una catedral sobre Papunashvili, zancadilleado
claramente por Carlos Gutiérrez en una incursión con márchamo de gol en el área
del internacional por Georgia. Era, además, la segunda amarilla para el central
local. Pero Gorostegui Fernández, blandito e impersonal en un partido tan
rusiente, dijo verlo al revés. Amonestó a Papu por supuesto piscinazo y
sancionó lo que él consideró fingimiento. Craso error al que nadie entre los
protagonistas del Zaragoza daba crédito en ese instante. Ya dos minutos antes
no había querido ver un agarrón continuado de Markel Etxebarría a Grippo a la
salida de un córner, que también era penalti.
Y así se llegó al
descanso. Con más temores y precauciones que gestos de valentía en ambas
escuadras. Y con un marcador que, pudiendo ser mucho mejor para el Zaragoza,
tanto por haberse adelantado enseguida como por esa última y polémica acción
del penalti no señalado, no era del todo malo en un sistema de competición de
eliminatoria.
En el segundo tiempo, la primera ocasión de gol, triple en la misma jugada, la
generó el Zaragoza en el minuto 49. Tras una penetración de
Lasure, Papunashvili remató en el área provocando el rechazo de Aitor
Fernández; Borja Iglesias no logró empalmar ni controlar en el punto de penalti
con todo a favor; y Javi Ros, llegando de escoba al segundo palo, disparó sobre
el cuerpo del portero local que envió el balón a córner. Para no perder la
costumbre del duelo, el Numancia reaccionó enseguida y fue Medina, en el 51,
quien culminó con un chut fuera en el área un pase atrás de Mateu en el área
aragonesa. De nuevo, el formato del partido era de causa-efecto, de
acción-reacción.
Natxo movió ficha a
falta de media hora, introduciendo en juego a Febas en vez de Ros, en busca de mayor
fluidez con el balón. Los efectos inmediatos fueron un intento de chilena
fallido de Borja Iglesias en el 66 y un remate flojo de Pombo en el área que
paró bien Aitor Fernández. El Numancia, que iba de capa caída, fue revitalizado
por Arrasate con el ariete Higinio, que ocupó el puesto del goleador
Guillermo. También saltó al campo Buff en vez de
Papunashvili, amonestado y revolucionado, que corría serio peligro
disciplinario vista la actitud casera de Gorostegui en diversas acciones
discutibles. Y así se alcanzó el último cuarto de hora, con un ambiente de
creciente nerviosismo en las gradas que se trasladó al césped.
El partido se
alborotó, reinaron las faltas. Nadie fue capaz de domar la
pelota. El técnico local provocó el revulsivo de la afición numantina con el
tercer cambio, pues metió en danza a Julio Álvarez, el veterano mediapunta que
no había jugado nada durante toda la temporada por culpa de una grave lesión.
Buscaba una falta al borde del área y, de paso, enervar los ánimos de la
afición soriana en pos del gol del triunfo. Lo primero no ocurrió y lo segundo,
pese a que sí animó a Los Pajaritos de entrada, no surtió efecto positivo
alguno para los rojillos. El Zaragoza, bien colocado atrás y con un Febas
hiperactivo en sus minutos de refresco, importante tanto al corte como en las
salidas al contragolpe, alcanzó el final del duelo con cierta comodidad.
La resolución de la
eliminatoria queda pendiente, por lo tanto, de lo que suceda el
sábado en La Romareda en el partido de
vuelta. El empate, ese 1-1 donde el gol
de Zapater es oro
molido por su valor a domicilio, da una pequeña ventaja a los zaragocistas.
Pero nada decisivo. Esto tendrá que resolverse en terreno aragonés en 72 horas.
Ficha Técnica
CD Numancia: Aitor Fernández; Markel Echeberría,
Escassi, Carlos Gutiérrez, Saúl; Íñigo Pérez, Diamanka; Medina (Nieto, 73),
Pere Milla (Julio Álvarez, 82) Marc Mateu; y Guillermo (Higinio. 70).
Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Delmás, Grippo, Verdasca,
Lasure; Eguaras, Javi Ros (Febas, 61), Zapater, Papunashvili (Buff, 70); Pombo
(Toquero, 86)y Borja Iglesias.
Árbitro: Gorostegui Fernández (Comité
Vasco). Amonestó a Carlos Gutiérrez (27), Papunashvili (40), Pombo (34) y
Zapater (80).
Goles: 0-1, min. 4: Zapater. 1-1, min.
5: Guillermo.
Incidencias: Noche lluviosa y
fresca en Soria, con 13 grados. El césped de Los Pajaritos presentó un
excelente estado. En los graderíos hubo un lleno casi total pero, con todas las
localidades vendidas sobre un aforo total de 9.000 espectadores, no todas se
ocuparon. Más de 500 zaragocistas asistieron al partido.
Empate en el partido de ida entre el Numancia y el
Zaragoza que queda el segundo partido en casa con todo favorable para pasar a
la eliminatoria definitiva. El extremo, Jesús
Alfaro, no fue convocado.