R. Zaragoza 1-2 Numancia
Inexplicable con
palabras. Difícil de asumir. El Real Zaragoza cayó
eliminado ante el Numancia y no jugará la final por el ascenso a Primera División. Perdió 1-2 ante los sorianos
en un partido donde debió ganar por goleada tras una concatenación de
oportunidades cristalinas de gol falladas ante el marco castellano. Para que todo
fuera más doloroso aún, el tanto decisivo de los visitantes llegó en el último
minuto, cuando la prórroga estaba ya asumida por todos. Y lo marcó un
exzaragocista, Diamanka. Fue una tarde horrible para el zaragocismo.
La primera parte fue
un claro paradigma de lo que es el fútbol de promoción. Nervios, tensión de 360
voltios sobre el césped. Real Zaragoza y Numancia atenazados
por la responsabilidad, por saber que uno de los dos se iba de vacaciones al
término de la tarde. Los sorianos, con el timón del balón
desde el inicio, pues el 1-1 de la ida en Los Pajaritos
les obligaba a marcar en La Romareda para tener opciones de
pasar a la final. Los aragoneses, con el escudo protector del gol de Zapater en campo castellano, sabedores de
que el 0-0 corría a su favor. Fue un periodo denso, sin fútbol
combinativo por parte zaragocista y con mayor iniciativa del Numancia, que tocó
más y mejor la pelota en la línea de tres cuartos.
El resumen de este feo
tramo, repleto de contactos, de faltas, de presión en las marcas por parte
soriana sobre la salida de atrás del Zaragoza, es corto. Nacho, extremo
visitante que tuvo que sustituir nada más empezar el partido a Medina (minuto
7) por lesión, disparó al poste en el minuto 30 y
puso el nudo en la garganta de la febril afición blanquilla, que llenó
el estadio como hacía tres años que no sucedía. En el 42, Higinio cabeceó en el área pequeña un centro de Markel
Etxebarría y el balón se marchó fuera rozando la escuadra con Cristian Álvarez ya
vencido. Fueron las dos oportunidades rojillas que pudieron voltear el sentido
de la eliminatoria. En el otro área, lo más venenoso que generó
el Zaragoza llegó en el 45, ya cuando el descanso estaba próximo. Zapater
cabeceó en carrera un centro de Toquero pero, con todo a favor, el remate se le
fue al centro de la portería, a las manos de Aitor Fernández, que detuvo bien.
Entremedias, escarceos
de unos y otros. Amagos de llegadas, acciones inconclusas. Una penetración de
Borja Iglesias en el minuto 19, tras un pase de Papunashvili, que el gallego
prefirió continuar con otro pase a Toquero en vez de rematar él, cosa que pedía
la jugada ya en el área. Carlos Gutiérrez se interpuso casi bajo palos para
desviar a córner y evitar el 1-0. O una falta lejana, desde 30 metros, que Grippo lanzó con potencia pero demasiado alto.
Nada más. Escasa producción ofensiva para lo que se ha
visto en La Romareda en la segunda vuelta de la liga. Y es que los ‘play off’
son otro mundo. El de la histeria. El de la personalidad
transformada de futbolistas generalmente desacostumbrados a tanta exigencia.
El Zaragoza jugó con
el marcador y con el reloj. Una apuesta legítima, ganada en Soria 72 horas
antes, pero que tenía sus riesgos serios. Un gol numantino podía derivar en un
mal mayor. Por su parte, el Numancia afrontó el partido
con el rol del no favorito, del que tiene su año bien cumplido y busca el
premio gordo en la lotería. Nada que perder tenían los de Arrasate en La
Romareda y se mostraron descarados, con la lección bien aprendida. Eguaras
no vio el balón nunca en condiciones. Los puntas, Iglesias y Toquero, apenas
participaron del juego. Febas y Papunashvili fueron
marcados a fuego, sobre todo por el aguerrido Escassi, que tuvo que ser
amonestado al final para frenar sus ímpetus.
Los laterales, esta
vez Benito y Lasure, subían poco la banda y sin suministro potable
hacia sus ubicaciones. El Zaragoza fue un equipo
tenso, atrapado por la electricidad de un día de tal pelaje. Y
el Numancia apostó por generar dudas en los locales, por estar bien posicionado
en lo suyo, por llegar al final del duelo con posibilidades de dar la
campanada. El descanso marcó una frontera que requería de
órdenes claras y novedosas en ambos vestuarios, sobre todo en
el que comanda Natxo González.
En la primera jugada
del segundo tiempo, bajo el aguacero, Zapater (de nuevo) tuvo el 1-0 en sus
botas. Borja Iglesias filtró
un balón de oro y lo dejó solo ante el portero. El ejeano
pensó, disparó cruzado, pero el remate se le fue por centímetros fuera, rozando
el palo derecho. Una pena. Era un momento clave para haber
marcado el camino del éxito desde el mismo inicio de la reanudación. Al menos,
pareció que algo había cambiado y que el Zaragoza ya no estaba tan atado
mentalmente en este partido a cara o cruz. En el 52, en plena efervescencia, Toquero no llegó por milímetros a remachar un
centro raso de Borja Iglesias a bocajarro. Otro gol que se fue al limbo por
un pequeño matiz.
El equipo aragonés
había salido lanzado. Había hecho buen efecto la conversación en la
caseta. Y Papunashvili, en el 55, volvió a fallar lo infallable en una
eliminatoria de este calibre. Se quedó solo, mano a mano, ante Aitor Fernández.
Borja Iglesias le había dejado otro balón de oro, a placer. Pero
el georgiano eligió mal y su culminación rasa la sacó a córner el guardamenta
soriano con la punta del pie. Demasiados fallos claros, nítidos
de gol, que dejaban vivo al Numancia de manera demasiado fácil. Ahí se debió apuntillar esta semifinal. Eran los
instantes decisivos que el Zaragoza estaba dejando pasar peligrosamente. Se
cruzaban los dedos bajo las butacas de La Romareda.
Y es que no se quedó
la serie ahí. En el 60 hubo doble marro ante el portal numantino. Primero,
Borja Iglesias, mano a mano otra vez ante Aitor, remató sobre su cuerpo. La
pelota le llegó a Papunashvili que, a placer, chutó fuera cuando el gol se
cantaba en las gradas. Y en el 62, cuando aún se pellizcaba
todo el mundo por semejante cadena de pifias ante el arquero numantino, de
nuevo Borja Iglesias desaprovechó otro gol hecho. Regateó en el pico del área
al portero y, algo escorado, disparó a puerta desguarnecida… pero fuera,
lamiendo de nuevo el poste derecho. Era una barbaridad lo que había
fallado el Real Zaragoza en este breve espacio de tiempo. Una goleada tiró a la
basura.
Y, claro, el fútbol es
un arma que carga el diablo. Un deporte canalla con los que no saben sacar
provecho de sus virtudes. El Numancia llegó por primera
vez en el 63 con cierto criterio al área zaragozana e Íñigo Pérez, desde la
corona, sacó un disparo colocado que entró en la red de Cristian Álvarez a
media altura cerca del poste izquierdo. El varapalo estaba
servido. Parecía mentira. Era una pesadilla de imposible explicación
cabal. El Numancia, a 27 minutos para el final, estaba clasificado y
el torbellino zaragocista, por ende, eliminado. Tocaba apelar a la épica. Las
cosas de la promoción.
El partido se volvió
loco. Borja Iglesias falló un remate de cabeza claro en el minuto 70 a
centro de Lasure. No dobló el cuello como era menester. El Numancia
replicó con otro testarazo, de Guillermo, que paró en la raya Cristian Álvarez
con muchos apuros. En la siguiente acción, Pombo, que había relevado a Toquero, lanzó en
el área un derechazo que rechazó Aitor para que la pelota le
cayera a Papunashvili, que no logró enlazar otro remate a escasos tres metros
del gol. La grada animaba incesante. Había que salvar el mal como
fuera. El equipo tiro de casta más que de cabeza. No se podía
hacer más en tales circunstancias. Y el reloj corría a toda velocidad.
A falta de 11 minutos,
en el 79, llegó el flotador a manos zaragocistas. Mikel González, el defensa central,
empató y logró el 1-1 para disolver el peligro de muerte inminente. Borja Iglesias
voleó en el área un centro largo, el balón superó por arriba a Aitor Fernández,
que aún intentó evitar el tanto en la misma línea… pero Mikel la empujó dentro para desatar la alegría entre la
congoja. La prórroga estaba servida salvo que alguno de los dos
equipos marcase en los estertores del duelo.
El calvario
zaragocista no se había acabado. Los duendes del fútbol querían que los
aragoneses no tuvieran opciones de subir a Primera. Y en el 90, cuando ya no
había capacidad de reacción, el exzaragocista Diamanka mató a su antiguo
equipo. El senegalés cabeceó un centro al área, picado, y batió a Cristian
Álvarez irremediablemente. La catástrofe había tomado cuerpo en La Romareda. Se
consumó una eliminación increíble. Terrible. Dolorosa al máximo visto el
devenir del segundo tiempo. Un sofocón repleto de lágrimas. El Numancia se lo
ganó a pulso. Tuvo fortuna y acierto a partes iguales. El Real Zaragoza jugó mal
la primera mitad pero, en la segunda, se hizo acreedor a una goleada a su
favor. Un chandrío para la historia. Habrá una sexta temporada en Segunda
División. El equipo aragonés se ha quedado en la orilla. Se
acabó la temporada.
Ficha Técnica
Real Zaragoza: Cristian Álvarez;
Benito, Grippo, Mikel González, Lasure; Eguaras, Zapater, Febas (Buff, 83),
Papunashvili; Toquero (Pombo, 62) y Borja Iglesias.
CD Numancia: Aitor Fernández;
Markel Etxebarría, Elguezábal, Carlos Gutiérrez, Saúl; Escassi, Íñigo Pérez,
Diamanka; Medina (Nacho, 7), Marc Mateu (Pere Milla, 81); e Higinio (Guillermo,
60).
Árbitro: Cordero Vega
(Comité Cántabro). Amonestó a Escassi (37), Elguezábal (40), Mikel González
(72), Zapater (82) y Grippo (91).
Goles: 0-1, min. 63: Íñigo
Pérez. 1-1, min. 79: Mikel González. 1-2, min. 90: Diamanka.
Incidencias: Tarde nublada en
Zaragoza, con amenaza de tormenta, y 24 grados. Llovió desde el descanso. El
césped de La Romareda presentó un buen aspecto. En los graderíos, lleno
absoluto, más de 34.500 espectadores.
Cruel eliminatoria de los maños en casa ante el
Numancia donde pudo golear y al final ganaron los numantinos que jugaran la eliminatoria
final de ascenso. El extremo onubense, Jesús
Alfaro, tuvo que ver el partido desde la grada.